Revista de literatura, arte y pensamiento sobre ciudades pequeñas, cuerpos que crecen, aquello que no cabe en  el mundo y carros voladores.

Café Voltaire

Julia Otxoa

Ricardo Ugarte, Escuadra, 1988

 

“El vacío que es pura interrogante, abre una pausa que comporta un ensanche del espacio , el vacío en el tiempo es ese átomo que permite  que el tiempo corra propiamente y no sea un correr continuo análogo a la inmovilidad . Los instantes de vacío en la conciencia son los que propician  que la conciencia resurja agudizada”
María Zambrano

 

La  inspiración  perdida  de Julio  Cavalcantti

 

El Narrador pasa por una de esas largas etapas de falta de inspiración , lleva meses en ese estado, no es un escritor  que encaje con serenidad el silencio, vive la situación con tensión, sus nervios están alterados y sufre insomnio, así que a la falta de inspiración se ha sumado ahora la  fatiga. Pasa el día sumido en un estado melancólico, vagando por la casa como un fantasma, ni siquiera  puede centrar su atención en uno de sus  placeres más amados, la lectura.

Así que harto  de esperar inútilmente el regreso de la escritura, piensa que bien podría arriesgarse a cambiar el rumbo de las cosas , escribir  precisamente sobre aquello que le ocurre,  como quien abre un diario en medio de una ciudad bombardeada o como quien desde un hospital describe los pormenores de su enfermedad.

La idea no le parece del todo descabellada, tal vez funcione - se dice a sí mismo mientras se sienta esperanzado ante su mesa y escribe lo que parece un relato:
Julio Cavalcantti  había perdido el norte como escritor,  día tras día sentado  ante el folio en blanco constataba su incapacidad para  escribir una sola línea, este bloqueo mental le sumía en

una profunda tristeza,  en medio de mil incógnitas

Contraplano, 1973

  se preguntaba  preocupado si su carrera como escritor habría llegado
                  

a su  fin. ¿Dónde estaba la causa de ello? ¿Tal vez en lo convulso de los tiempos que le habían tocado vivir?
 ¿ En el desmoronamiento  de toda   certeza   respecto a las   grandes visiones con las que hasta ahora se había explicado  el devenir de las cosas?

A menudo las noticias  de barbaries y hambrunas que escuchaba  en el  televisor o leía  en la prensa,  le producían una profunda desazón que  desembocaba luego en posteriores  insomnios. Recordarlo ahora no le consolaba en absoluto, otros autores también    eran testigos como él de la crueldad del recién estrenado siglo XXI , y no por eso  sumían su escritura en el  silencio. No, la causa, con toda seguridad no estaba fuera, en el mundo, sino dentro de su cabeza. Tal vez todo se debiera a algún deterioro neuronal, a alguna anomalía en el funcionamiento cerebral que le producía aquella extraña mudez como escritor. Para salir de dudas acudió al médico y se realizó exhaustivos análisis de todo tipo, los resultados constataron que su salud en todos los niveles orgánicos era excelente.

Pero ¿ Y mi  salud mental? Se preguntó entonces . - Esta falta de inspiración tal vez se deba a alguna extraña patología  que silenciosamentese haya  gestado en mi  interior
-Pensó. Para aclararlo acudió a sicólogos y psiquiatras, todos los informes confirmaron que su salud mental estaba en perfectas condiciones, si bien le aconsejaron no obsesionarse  demasiado por aquel silencio temporal como escritor, que tratara de llevar la nueva circunstancia con serenidad ,que saliera, que hiciera ejercicio físico, que distrajera su mente,  porque sin duda alguna las  aguas volverían  otra vez a su cauce.

 

 

Ricardo Ugarte: Ventana en Popa

Algo más reconfortado por las buenas noticias que la clase médica  le ofrecía  sobre su estado físico y mental, siguió al pie de la letra sus consejos, todos los días caminaba alrededor de tres horas por las suaves colinas que rodeaban la ciudad, esto le hizo perder peso y sentirse mejor, pero  este  bienestar  duró poco, apenas un par de semanas, pronto sintió Julio Cavalcantti  intensos deseos  de sentarse otra vez  ante la mesa de su estudio para intentar escribir, pero la inspiración seguía sin venir.

Entonces pensó en ensayar otros remedios contra el silencio de la escritura , recordó haber leído alguna  vez  en uno de aquellos libros de tema naturista ,que el ayuno,  al  liberar el organismo de  toxinas y malos humores acumulados en la sangre por los perniciosos hábitos alimentarios, abre la mente a una nueva dimensión, elevándola  a un estado espiritual superior   que propicia una mayor clarividencia; de inmediato se puso manos a la obra, la primera semana se alimentó tan sólo de zumos de frutas , y la segunda suprimió incluso algunos zumos y los sustituyó  por la ingesta de  abundante agua, a la tercera semana  había perdido casi cinco kilos  y  su aspecto era el de un alma en pena , además, para su frustración,   la venida de  la  tan prometida clarividencia mental   no se daba en absoluto ,  ya que en su caso  le sobrevinieron  unos mareos de tal magnitud que apenas podía mantenerse en pie y tenía que deslizarse como un fantasma por  las estancias de su casa sujetándose  a las paredes para no caerse , sacando  escasas fuerzas de su debilidad ,quedando  al poco tiempo   totalmente exhausto desplomado en la cama.

 

Ricardo Ugarte: “Vacío en cruz”
Instalación en Museo Barjola, Gijón, 1990

 

Así que tal y como estaban las cosas, Julio Cavalcantti  decidió poner fin a sus ayunos y buscar el remedio a su falta de inspiración por derroteros  menos peligrosos para su integridad física. Comenzó a comer con normalidad , tratando al mismo tiempo de  incorporar un poco de serenidad a su aturdido ánimo, prometiéndose  a sí mismo formalmente no ponerse ante el folio en blanco hasta no estar seguro de tener algo que escribir.

Dedicó entonces su tiempo a investigar el caso de  otros  escritores que alguna vez hubieran pasado  por un trance similar al suyo, considerando que aquello supondría un  alivio para sus desvencijados nervios y sin duda alguna le aportaría datos sobre aquel  enigmático silencio que se había cernido sobre él .

Husmeando por aquí y por allí  por todas las librerías y bibliotecas de la ciudad, encontró una reedición del  libro “ Carta de Lord Chandos”  escrito por  Hugo Von Hofmannsthal en 1902 y que  el Colegio de Aparejadores y Arquitectos  de Murcia publicó en 1996 ,  su lectura le dejó profundamente impresionado, entusiasmado  lo leyó tres veces seguidas, hasta que las letras le bailaron ante los ojos y se le nubló la vista anunciando de nuevo un inmediato mareo.

El libro en cuestión , consistía  en la carta que Philipp, Lord Chandos, hijo menor del Earl of Bath, escribió a Francis Bacon, más tarde Lord Verulam y Viscount of S.Alban , para justificarse y disculparse ante el amigo por su renuncia a la actividad literaria.

En palabras textuales de Claudio Magris, autor del prólogo de esta reedición  , “  este libro constituye  un manifiesto del desfallecimiento de la palabra y del naufragio del yo en el fluir convulsionado e indistinto de las cosas..........el protagonista abandona la vocación y la profesión de  escritor porque ninguna palabra le parece expresar la realidad objetiva.....”   

En cada línea que leía  Julio Cavalcantti se veía  reflejado   , aquella bancarrota de la expresión, aquella conmoción espiritual que asemejaba  una ruptura  en la transmisión del pensamiento a la palabra.....¡Cómo le hubiera gustado conocer a aquel  Hugo Von Hofmannsthal nacido en  Viena en 1874 ! Conversar con él sobre  aquella incapacidad para traducir el mundo a través de la escritura. Incluso llegó a preguntarse si tal vez él mismo  no sería la viva reencarnación de aquel Hugo Von Hormannsthal. Esta idea le acompaño obsesivamente durante algún tiempo, pero luego, el transcurrir de otras lecturas le fue apartando de ella poco a poco , durante meses
Ricardo Ugarte: Triple NOray, 1973

siguió inmerso en la lectura de las
biografías de otros escritores  que como él sufrieron en algún momento de sus vidas la dentellada de la ausencia de inspiración.

Así las cosas, al  cabo de un año  había enriquecido su equipaje cultural considerablemente pero   no había avanzado ni un solo paso en la solución de sus problemas, y no sólo eso, aquel silencio que se había cernido sobre él se había convertido ahora en una pesada sensación física, un desagradable estado  de gravidez máxima, como si cada uno de sus músculos estuviese hecho de plomo. Comenzó a sumergirse en  una especie de  catatonia  que le paralizaba, que le mantenía sentado o tumbado la mayor parte del día. En esas circunstancias imaginar tan solo el trazo de una  palabra sobre el papel  le agotaba por completo. Cualquier intento de escritura aparecía  ante él como una ciclópea operación  consistente en izar un pesado bloque de granito desde el fondo del mar ayudado por un delgado cordel.


Ricardo Ugarte:  Homenaje a San Juan de la Cruz, Avila, 2005

Hizo balance, había probado todo tipo de remedios y no había  logrado absolutamente nada, sino mas bien todo lo contrario, pese a todo  estaba decidido a  no dejarse llevar por la desesperación y  a actuar en positivo. Recordó entonces las palabras de  la filósofa María Zambrano en su obra “Los Bienaventurados” ,  en uno de sus capítulos refiriéndose a la aguda sensación de desconcierto y vacío que a veces el espíritu experimenta, dice:  “ el vacío que es pura interrogante abre una pausa que comporta un ensanche del espacio , el vacío en el tiempo es ese átomo que permite  que el tiempo corra propiamente y no sea un correr continuo análogo a la   inmovilidad . Los instantes de vacío en la conciencia son los que propician  que la conciencia resurja agudizada”

De pronto experimentó que reflexionar sobre aquellas palabras  iluminaba su esperanza , le abría nuevos horizontes , le ayudaba  a comprender. Lo   vivido hasta entonces como negativa falta de inspiración podría transformarse  en algo positivo. Incluso sintió renovarse sus escasas fuerzas, se levantó del sofá y se acercó a la ventana, anochecía, en el solar vacío contiguo a su casa estaban en obras, pero ahora la jornada de trabajo había terminado y los obreros se habían retirado.

Ricardo Ugarte:  La proa de la memoria, Leganés, 2007

En medio del silencio observó la  grúa ,su  sombra , similar a la de un gigante férreo se dibujaba junto al parque, colgada en su extremo superior la carretilla cargada  con bloques de cemento  utilizada como contrapeso  para evitar que si se levantaba viento por la noche su  fuerza   pudiera derribar la grúa.

La imagen de aquélla  carretilla  oscilando   entre la luz y la sombra , le resultaba clara  metáfora de su estado de ánimo, siguió observando su suave pendular , aquel  vaivén le hizo viajar hasta  la Edad Media, allí en el sur de Italia , los  médicos de la famosa Escuela Salertina  habían descubierto   los efectos  beneficiosos que ejercía  sobre la mente lánguida  el pendular sobre el vacío, hasta el extremo  que   ayudados de grandes artilugios de madera ,suspendían por medio de gruesas cuerdas a los enfermos de melancolía sobre los acantilados o los grandes precipicios de las montañas.

Julio Cavalcantti siguió mirando como hipnotizado el oscilar de la carretilla.¿Cómo no se me había ocurrido antes? – Pensó - Utilizaría consigo mismo aquellos métodos recomendados muchos siglos antes por los médicos de la Escuela Salertina, él también como aquella carretilla bailaría en el vacío, aprovecharía  de algún modo aquella plomiza sensación de todo su cuerpo, aquella pesada y muda energía que le inhabilitaba como escritor para algo útil, como por ejemplo,  ofrecerse en  aquella misma obra   como contrapeso para la grúa .

 


Ricardo Ugarte:  La proa de la Poesía, Universidad pública de Nacvarra, 1999

Pero  en el  preciso momento en que el personaje de ficción  Julio Cavalcantti encuentra en   el método salertino una posible solución a  su falta de  inspiración, el narrador   se queda materialmente en blanco, sin  saber como continuar el relato, con  su personaje Julio Cavalcantti mirando  tras el cristal  convertido ahora en una estatua  en espera de que le devuelva a la vida, pero el narrador no puede, no sabe ........ahora él también piensa en la Escuela Salertina  y en el pendular sobre el vacío y sonríe  con melancolía y la fatiga va cerrando sus párpados y se queda dormido sobre los folios donde Julio Cavalcantti espera tras los cristales  que el narrador regrese.
Julia Otxoa

 

 

Los espacios  habitables en la obra de Ricardo Ugarte

La cruz de Ricardo Ugarte preside ya el altar mayor de la iglesia de San Vicente

He querido interrelacionar mi texto con sus imágenes, porque ambos, su escultura y mi texto, tratan del vacío como espacio activo, positivo,  que interrumpe lo lineal.


Ricardo Ugarte:  Estela de los caminos,
Autopista Girona/Barcelona, 1974

 

 La esencialidad del signo como navegación estética en la obra de   Ricardo Ugarte es  a la vez filosofía de vida,  síntesis minimalista rotunda en conclusiones formales, presente  en todas las disciplinas en las que trabaja, sean éstas la escultura, la pintura, la fotografía o la literatura . Despojada de cualquier clase de retórica formal, su escultura es narración conceptual, constructiva y lírica al mismo tiempo, creando espacios para el recogimiento, para la meditación, para la lentitud como profundidad en  la mirada sobre  las cosas. 


Ricardo Ugarte: Lorea, Santa Cruz de Tenerife, 1973

 

Los huecos habitables ,característicos en toda su obra escultórica, son metáfora de ese vacío positivo, estético que sostiene la pasión de la forma , comunicando el interior con el exterior, permitiendo que el tiempo  fluya en libertad por la arquitectura poética de sus interrogantes, como motor y  búsqueda  de la utopía ,como Vía Láctea para la orientación en la cartografía del laberinto.

 

Ricardo Ugarte ( Pasajes de San Pedro-Guipúzcoa , 1942 )
www.ricardougarte.net

 

 

 

 

 

Diciembre, 2007 N 7

eladelantadodeindiana@gmail.com